Mensaje para los alumnos del departamento de español que se graduaron en marzo de 2018

 

A los estudiantes que se graduaron de mi departamento en marzo de 2018

 

El ser humano tiene solo tres obligaciones, dice el médico y escritor argentino Jorge Bucay.

En estos momentos estaréis pensando: “Yo hasta llegar al día de hoy he tenido ya numerosísimas obligaciones. “He tenido la obligación de ir al colegio durante seis años, a la secundaria y el bachillerto otros seis, al juku no sé cuántos, y a la universidad, cuatro. He tenido la obligación de cumplir con numerosas tareas en los clubs. He tenido la obligación de llegar a mi trabajo a tiempo todos los días. Y ahora que voy a comenzar a trabajar en serio, tendré la obligación de cumplir con las expectativas de mis superiores y compañeros. De hecho, estos días ando preocupado y estresado pensando en todas las obligaciones que se me avecinan, y dudo de mi capacidad para poder hacer todo bien..”

Estoy segura de que todos vosotros tenéis pensamientos de este tipo y de que a todos os asaltan las mismas dudas sobre vuestra capacidad. Jorge Bucay debe pensar que estas cosas de la vida no son verdaderas obligaciones, quizá porque son cuestiones elegidas y cambiables. Él insiste: el ser humano solo tiene tres obligaciones.

La primera es convertirse en la mejor versión de uno mismo que sea posible. Por ejemplo, si uno se llama Taro Tanaka, su obligación es convertirse en el mejor Taro Tanaka posible. Yo tengo la obligación de trabajar para convertirme en la mejor Montserrat Sanz posible, y esto es un largo camino que acaba con el final de la vida y que afecta a todos los momentos y decisiones que hay que tomar diariamente. Si estoy en el trabajo y veo a una persona que está siendo acosada o discriminada y no hago nada por cobardía, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo? Si estoy centrado en mis problemas, necesidades o gustos y no hago tiempo para un amigo que me necesita, o para mi familia, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo? Si observo desigualdad social, de género o injusticias, y no levanto la voz o hago algo para luchar contra ello, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo? Si estoy en un trabajo donde el único propósito es enriquecer a la compañía, incluso si ello implica engañar a los clientes o proveedores, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo? Si descubro que mi compañía es una de las llamadas black kigyou y no lo denuncio por miedo, y por el contrario me quedo resignado por un puñado de yenes de sueldo, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo? Si trato con desprecio o como a un inferior a mi mujer o a mi marido, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo? Si la sociedad deriva en una dirección errónea o peligrosa y miro para otro lado, ¿estoy siendo la mejor versión de mí mismo?

La segunda obligación es ser feliz. Sí, ser feliz. Porque, según Jorge Bucay, ser feliz es una obligación, no un derecho. Pero ser feliz no significa estar contento, no tiene nada que ver con la diversión, con el dinero, con el prestigio, ni con la sensación de que todo en la vida de uno es perfecto. Ser feliz es tener la certeza en todo momento de que se está en el camino correcto. Uno puede ser feliz cuidando a un padre enfermo, aunque la tarea resulte triste y desagradable. Uno puede ser feliz teniendo que levantarse varias veces por la noche para cuidar a un bebé, aunque la falta de sueño le mantenga a uno agotado, y el tener que cuidarlo le impida a uno tener tiempo libre. Uno puede ser feliz incluso quedándose hasta tarde en el trabajo para realizar una tarea que no le gusta, si tiene la certeza de estar realizando algo útil y necesario. Siempre que la persona tenga la seguridad de estar en el camino correcto, será una persona feliz. Aunque esté aburrida o carezca de algunas cosas materiales que se le gustaría poseer. Y estará cumpliendo así con una de sus principales obligaciones.

Por tanto, preguntarse si uno está en el camino correcto y si es la mejor versión de sí mismo posible es algo que deberíamos convertir en rutina diaria. La sociedad coonsumista tratará de convencerte de que si compras todo lo que quieres, serás feliz, y si no, serás infeliz. Pero la felicidad es una serenidad interior, y se puede conseguir teniendo mucho dinero o solo lo suficiente para vivir.

¿Cuál es la tercera obligación de un ser humano? Es muy sencilla: ayudar al menos a una persona a cumplir las otras dos obligaciones: a ser feliz y a convertirse en la mejor versión de sí mismo. ¿Sencilla? Yo creo que sí. SI las otras dos obligaciones se cumplen, estoy segura de que la última se sigue de forma natural. Y no solo ayudarás a una persona, sino a muchas a cumplir con sus otras dos obligaciones.

Estas tres obligaciones implican una gran profundidad moral, una gan vida interior, una gran autoconfianza sana y autoanálisis y una gran fuerza para luchar por lo importante y por lo correcto. De ahí que haya que trabajar todos los días para autoconocerse y cambiar aquellos aspectos que no estén funcionando bien.

Parte de este caminar por el camino correcto es reconocer los retos que presenta el momento histórico que a uno le toca vivir. Cada generación se encuentra unos problemas principales que tiene que solucionar. Otros, ya los heredamos solucionados por nuestros mayores. ¿Cuál crees tú que es el reto de tu sociedad de hoy? Yo diría que uno de los retos más grandes que tiene vuestra generación en el mundo entero es conseguir una sociedad más igual, tanto entre hombres y mujeres, como entre personas de diferentes clases sociales. Desde hace algunas décadas, abundan los trabajos basura, y se abre cada vez más distancia entre los que poseen mucho y los que se empobrecen rápidamente. El reto es conseguir que no siga progresando esta tendencia. Japón siempre ha sido una sociedad muy igualitaria económicamente, en la que imperaba una gran clase media porque la riqueza estaba repartida de forma muy razonable, y es posible que vosotros tengáis algo que aportar ia la solución internacional de este problema.

En cuanto a la igualdad de género, quizá vuestra generación sea la que por fin entienda que es mejor tener a la mujer como una compañera que como una subordinada. Estos cambios son una labor tanto de hombres como de mujeres. Los hombres deben darse cuenta de que liberar a las mujeres y ayudar a su progreso es ayudarse a sí mismos.

En fin, entenderse a uno mismo en el contexto en el que le toca vivir y saber cómo puede convertirse en su mejor yo para ser feliz y ayudar a otros a que lo sean es la labor diaria que os toca a partir de hoy. Pero a mí me gustaría añadir una cuarta obligación del ser humano: cuidar de la salud de uno. En estos tiempos, encontrar suficientes horas para el descanso, comer bien y pausadamente, relajarse, son retos que cada vez parecen más difíciles de superar. Recuerda siempre que debes cuidar de ti mismo y no dejarte llegar al límite.

Sois lo mejor de esta sociedad. Os habéis formado bien, con capacidad crítica y conocimiento internacional. No os dejéis distraer con supuestas obligaciones que no son verdaderas y que no están a vuestra altura, y siempre mirad si estáis cumpliendo las únicas cuatro que importan.

Mucha suerte con todo.

Montserrat Sanz

 

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