Mensaje para los alumnos del departamento de español que se graduaron el 25 de marzo de 2016

Queridos alumnos del departamento de español que os graduáis hoy:

Aunque algunos de vosotros entrasteis en nuestra universidad justo después del gran tsunami y catástrofe de Fukushima, la mayoría lo hicisteis el año 2012, año en el que Japón comenzó a reaccionar a una larga crisis que lo tenía sumido en el estancamiento. Para bien o para mal, la catástrofe de Fukushima causó que las cosas no pudieran seguir como habían ido durante décadas, y que Japón tuviera que replantearse su papel en el mundo. La imagen de Japón estaba manchada, la economía rota, y la moral muy baja. El gobierno cambió de signo un poco después de que accedieseis a la universidad. Por eso, se os puede llamar “la primera generación de graduados Abenomics”. Esto, que parece una broma, encierra algo más profundo que me gustaría poner de relieve, pues el cambio de gobierno trajo dos conceptos que son extremadamente relevantes para nosotros en Kobe GaiDai. Por un lado, una discusión pública y abierta (aunque un poco hipócrita en boca de algunos políticos, que no se creen su discurso) sobre el papel de las mujeres en la sociedad, y por otro, un replanteamiento del papel de Japón en el nuevo orden mundial. Dado que nuestra universidad está llena de mujeres y hombres inteligentes, y que educamos personas con una alta capacidad internacional, estos dos cambios suponen una nueva era para nosotros también.

            Con esa manía que tienen los políticos de hacer que todo tenga una razón económica, a las mujeres ahora se les dice que tienen que trabajar y brillar, y que tienen que tener hijos, casi como un deber patriótico. Pues bien, yo, mujer trabajadora y madre, querría llevar estos temas a un plano personal y humano, y os diría lo siguiente: mujeres, si queréis y podéis, trabajad, no porque vuestro país lo necesite, sino porque os divertiréis más y seréis más felices que limpiando vuestra casa, y sobre todo porque tendréis una relación de igualdad con vuestro marido. Con el tiempo, a veces las parejas se deterioran, y es triste que una mujer con carrera y talento tenga que aguantar convertirse en una subordinada dentro de su propia casa, en lugar de ser una compañera en igualdad de condiciones. A los chicos os digo: animad a vuestras mujeres a trabajar y a tener una vida propia, y entended que la familia es cosa de dos. Para todos, mi mensaje es: si podéis y queréis, tened hijos por la misma razón de antes, no porque el país lo necesite: porque os harán reír, porque os recordarán que alguna vez amasteis a alguien con pasión, y porque os mantendrán tan ocupados que no tendréis tiempo de dar vueltas a los pequeños problemas de la vida, que tendemos a agrandar cuando nos centramos solo en nosotros mismos. Tenedlos para realizar una misión personal, no como un deber. Si no queréis tenerlos, no debéis sentir culpabilidad.

            En cuanto al papel de Japón en el mundo, con las nuevas estrategias de China y otros vecinos, y con la deteriorada imagen del país tras la gestión de Fukushima, tengo palabras para el Sr. Abe: Sr. Abe, aquí tiene usted a las joyas de Japón. Espero que no las desperdicie. Estos chicos tienen una altísima capacidad y son la mejor cara de su nación. Las olimpiadas son un espectáculo quizá necesario o útil, pero un espectáculo efímero, y usted lo sabe. Lo que no es efímero es la sólida formación internacional de estos chicos. Utilice su potencial y abra Japón por fin al mundo de manera significativa.

            Yo sé que vosotros no os creéis que sois la joya de la sociedad. Pero tenéis que creerlo. En vuestra mano está la llave de una sociedad mejor. No penséis que serán otros lo que tienen que cambiar el país por vosotros. No os dejéis manipular ni por políticos ni por jefes en el trabajo. Pensad mucho y hablad alto. Tened ideas y atreveos a proponerlas. Nunca se os olvide que vuestra formación os sitúa muy por encima de la mediocridad que casi siempre impera en las sociedades.

            Buena suerte a partir de ahora. Sed felices y divertíos con el trabajo y con la vida. Aquí nos quedamos para seguir formando ciudadanos cosmopolitas, y aquí está vuestra casa. Cuando tengáis algún problema, recordad que está en vuestra mano solucionarlo, y que nosotros estaremos aquí para escucharos.

 

            Muchas felicidades por vuestra graduación y hasta siempre.

            Montserrat Sanz

 

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